El domingo cumplí 36. 36... Quizás ya va siendo hora de que no me vea a mi misma como una chica, como una niña mayor que juega a hacer cosas de adultos, que está empezando a vivir por su cuenta y se va espabilando mientras le llega el momento de ser verdaderamente mayor. Ya SOY mayor. Tengo un marido, dos hijos, un trabajo (dos), una hipoteca a 30 años sobre el piso en el que vivo de la que aún me quedan 20 por pagar, muchas obligaciones que atender, muchos sueños cumplidos y otros por cumplir que ya llegarán o que tal vez ya no llegarán, porque soy mayor. Tengo que aprender a ser mayor de una vez, a pensar que mis actos tienen consecuencias para los demás, que ya no puedo perder el tiempo en planear mi vida, porque se me ha echado encima y me toca vivirla.
Nos pasamos la infancia pensando en qué seremos de mayores, soñando que viviremos en una casa grande, que ganaremos mucho dinero con la profesión que elijamos (por más disparatada que sea), que viajaremos a mil lugares exóticos, que seremos guapos y jóvenes por siempre. Y luego pasa. Sucede que mientras vas planeando qué serás vas creciendo, y vas siendo algo que la mayoría de veces no tiene nada que ver con lo que habías soñado de pequeño. Seguro que la mayoría de adultos no son lo que habían pensado de pequeños (yo desde luego no!). Pero sucede. La vida nos lleva por caminos que no nos planteamos, vamos haciendo hasta que lleguemos al objetivo, vamos pasando mientras hacemos planes, sin darnos mucha cuenta de lo que pasamos y vamos dejando atrás. Hasta que sucede.
¿Y qué es lo que sucede? Pues que ya hemos vivido. Que ya somos adultos, que hemos malgastado un tiempo precioso planeando en lugar de disfrutar de lo que estamos viviendo, de las decisiones que vamos tomando y del camino que elegimos y sus razones. Vivimos sin darnos cuenta de que eso no es algo provisional hasta que nuestra vida llegue, sino que es la VIDA, ya la estamos viviendo, y cuando terminas de crecer y llegas a una edad (por ejemplo 36...), te das cuenta de que realmente no hace falta hacer más planes, porque casi sin darte cuenta has conseguido lo que querías, lo que de verdad importa.