Leones Marinos
viernes, 11 de abril de 2014
ECHAR LA VISTA ATRÁS
Estos días me ha dado por la nostalgia. Me he estado acordando mucho de gente, de situaciones, de momentos vividos en mi infancia y sobretodo en mi adolescencia. Me he acordado de personas. Personas que fueron muy importantes en mi vida y para las que yo en su día fui importante, o eso pienso, claro (eso nunca se puede saber con certeza). Por suerte hoy en día las redes sociales nos ayudan a saber qué ha sido de ellos, si se han casado, si tienen hijos, si triunfan en su trabajo, incluso por sus fotos adivinar si disfrutan con su vida.
Y soy feliz porque veo que les va bien, que cada uno ha elegido su camino, que se dejan guiar por la pasión que han sentido por hacer lo que les gusta y han acertado. Veo fotos de sonrisas sinceras, de grandes momentos vividos, y me alegro tantísimo por lo bien que están... Pero no puedo evitar sentir cierta punzada en el corazón con alguno de ellos. Me alegro mucho de que su vida vaya genial, pero me da penita no formar parte ya. Los que me conocen bien ya saben lo que hay debajo de mi coraza, o sea que no se extrañarán nada cuando digo esto, y es que al ver que no estoy al lado de ciertas personas no puedo evitar preguntarme si alguna vez fui la mitad de importante para ellas de lo que ellas fueron para mi...
Es cierto que la vida da muchas vueltas, que todos cambiamos, evolucionamos, vamos encontrando a unos y dejando a otros, y no se trata de un reproche hacia nadie, porque cuando se pierde el contacto entre dos personas se pierde por causa de las dos, no de una sola. Pero hay cositas que me hacen darle vueltas a la cabeza (duermo poco, ya sabéis), y cuanto más temprano es la hora en que me pongo a pensar más insignificante me siento. Soy consciente de que me equivoqué en muchas cosas en mi pasado, y de que me quedan muchas cosas en las que equivocarme en el futuro (como todo ser humano, supongo). También sé que a toro pasado todo se ve más fácil; debería haber guardado mejor aquel teléfono, no debería haberme enfadado por aquella broma, etc. Pero no puedo evitar que me dé un poco de rabia. Más que rabia, me produce tristeza pensar que tal vez no he sido todo lo buena que podría haber sido.
Al menos miro a mi alrededor y veo que mi vida es maravillosa, que he hecho lo que me apasiona, que me dedico a ello, que soy feliz, y que tengo a mi lado a gente que me quiere y que están conmigo porque les importo. Porque te cruzas con mucha gente a lo largo de la vida, y sólo unos pocos son los elegidos para enriquecer la tuya. El resto es eso, cariño y nostalgia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)