Leones Marinos

miércoles, 29 de febrero de 2012

MADRES...! Y SUPERNANNY

A mis hijos les gusta mucho ver "Supernanny", así que los domingos mientras cenan ponemos Divinity y nos reímos de los niños gritones y "bebés" (como dice Pau), que salen en el programa. Lo que no sale es qué hace la Supernanny con su propio hijo; me la imagino con el niño en plena rabieta, y ella tan tranquila guardando los vasos en el mueble: "cuando te tranquilices te atiendo". O el niño en el supermercado tirado en el suelo porque quiere que le compren los cereales de chocolate en lugar de los de miel, y ella tan tranquila sin prestarle atención "hasta que pare de llorar". O sin darle de comer tres días seguidos porque se ha pasado el tiempo para comer y al niño no le gustan las acelgas. Señoras (y señores), los que tenemos hijos sabemos que lo de la Supernanny es un poco irreal. Si el niño no recoge por más que se lo hayas dicho cinco veces le pegas un chillido hasta que coge las cosas y las pone en su sitio. Si no come le obligas y te estás encima hasta que consigues que se coma como mínimo medio plato. Y si sabes con certeza que no le gustan las acelgas terminas por hacerle judías verdes, porque al fin y al cabo lo importante es que coma. Lo de Supernanny es una utopía, bonita, sí, pero del todo irreal. O al menos muy difícil de llevar a cabo. No sé, no me imagino diciendo las cosas una sola vez tranquilamente y mis hijos obedeciendo a la primera, vistiéndose y desvistiéndose solitos, poniendo y quitando la mesa, recogiendo los juguetes sin protestar,...

A pesar de eso, nuestros hijos hacen muchas cosas bien. Y debemos decírselo. Las madres solemos poner la puntilla a todo, incluso cuando felicitamos a nuestros hijos por algo que han hecho bien: "muy bien, te lo has comido todo! PERO has ido un poco lento, no?"; " muy bien hechos los deberes, PERO te has salido un poco de la raya en este dibujo"; has recogido todos los juguetes, PERO te lo he tenido que decir dos veces". ¿Por qué no somos capaces de decir MUY BIEN, simplemente, sin más objeción? Porque no somos Supernanny, nosotras nos enfadamos, gritamos, nos ponemos histéricas y repetimos veinte veces lo mismo hasta que se nos hace caso, pero les queremos como nadie, y sabemos que son lo mejor que hemos hecho en la vida. Vamos a decirlo un poquito más.

sábado, 25 de febrero de 2012

RATOS

Ayer estuve cinco horas en la pista, viendo parejas y parejas y entrenando sin parar. Me gustan las tecnificaciones de pareja, los niños aprenden mucho, ven a los demás, los entrenadores colaboramos para que las parejas evolucionen, independientemente de que sean de uno o de otro, por increíble que parezca. Y hoy toca comida con las familias del cole de Pau. O sea, fin de semana completo, sábado patinaje y domingo madre. Eso soy. Dos de mis facetas, patinaje y familia. Voy haciendo las cosas que tocan, ordenando archivos mentales en mi cerebro, clasificando responsabilidades y tareas totalmente independientes. Termino una cosa y voy a por otra. Ahora una lavadora, ahora me siento y termino las fichas federativas por internet, ahora tiendo, ahora me voy al entreno, ahora me paso por Mercadona a la vuelta a comprar cuatro cosas, ahora redacto una cosa del despacho que tengo pendiente,... Voy haciendo. Voy mecanizando movimientos. Y no me canso.

Sólo que sí me canso. Cada vez me canso más. Me cuesta cada vez un poco más cambiar el chip y pasar al siguiente archivo mental. Son muchas cosas, muy poco tiempo para pensar en mi y decir: "me voy a tomar un rato libre". Las madres lo entenderán. Desde que eres madre no tienes muchos ratos libres. Si a eso le sumas el trabajo, esos ratos se reducen. Y si tu trabajo te ocupa también algunos fines de semana, la cosa se complica cada vez más.

Necesito un rato para mi. Poder hacer un reset para volver a la rutina con más fuerza si cabe. Necesito ir una hora (no pido mucho...) de tiendas y mirar sólo ropa de chicas, nada de camisetas para él, jerseys para el mayor o zapatos para el peque. Necesito una sesión de manicura relajada y con la mente en blanco. Necesito un ratito en blanco. Dicho esto, y ya que me he desahogado, lo dejo por hoy, me voy a recoger la ropa y a preparar los desayunos.

sábado, 18 de febrero de 2012

PRINCESAS SEXIS

Ayer muchas de las niñas vinieron disfrazadas a entreno. Traían disfraces cómodos para poder patinar, pero seguro que hoy la mayoría han ido de princesas. Hablar con mi hijo sobre los disfraces de las nenas de su clase me ha ahecho pensar en la evolución de las niñas con el paso de los años. Es realmente curioso. De pequeñas todas se disfrazan de princesas. O de lo que sea, pero princesa. Es decir, de princesa india, de princesa de las hadas, de princesa mosquetera, o de princesa a secas. Hasta que llegan a la adolescencia. Entonces se cambia el "princesa" por "sexy": enfermera sexy, monja sexy, Blancanieves sexy,... (será que en realidad son princesas, pero de acera?). Y cuando somos mayores y tenemos hijas renegamos porque no queremos que nuestras hijas se disfracen de princesas, renegando de lo que anhelábamos de pequeñas. " Mira que es pava, la niña, sólo quiere disfrazarse de princesa...".

Yo no tengo niñas, así que me pierdo poder decir esa frase a las otras mamás. Eso sí, acordándome de mi traje de Ana Bolena del carnaval de mis siete años puedo afirmar con total contundencia que yo JAMÁS fui de princesa; fui de reina.

domingo, 12 de febrero de 2012

AMIGOS

Ayer tuve un día estupendo. Estuve con mis amigos, con todos los de la facultad (increíble, hacía muchos años que no conseguíamos un pleno!). Y fue como si el tiempo no hubiera pasado; comimos juntos, nos reímos, hicimos un montón de chistes, vigilamos a los niños de los otros (en total ya son nueve...), y no veíamos la hora de volver cada uno a su casa. Eso son los amigos. Nos veamos o no, sabemos que nos tenemos, confiamos los unos en los otros, sabemos que podemos recurrir a ellos cuando los necesitamos. Y amigos de esos hay muy pocos. Cuando eres pequeño, e incluso adolescente, piensas que tu amiga del alma siempre será tu amiga del alma, comprendes que te deje tirada una tarde porque ha tenido la oportunidad de ver al chicho que le gusta, y crees que las charlas tontas sobre amores, actores y clases os unen de verdad, y que siempre vais a ser amigas del alma. Pero creces, cambias, y la otra persona también cambia, y te das cuenta de que no tienes nada en común con esa persona, excepto quizás los gustos musicales y en moda (no siempre).

Me gustaría ver más a mis amigos. Les quiero con locura, confío en ellos, puedo desahogarme cuando lo necesito, y me gusta ser su apoyo en los buenos y en los malos momentos. Pero todos estamos tan ocupados, tenemos el trabajo, la familia, los compromisos, las tareas que no pueden hacerse sino el fin de semana,... A pesar de todo, me gusta saber que puedo contar con ellos, y que ellos pueden contar conmigo. Que levantando un teléfono, todo será como siempre. Que como dice el bolero, "si tú me dices ven, lo dejo todo". O como diría Lauren Bacall, si me necesitáis, silbad.

lunes, 6 de febrero de 2012

BEBÉS QUE TE HACEN MAYOR

Mi bebé ha dormido ya dos noches en su cama. Mi niño se compró el sábado un juego de cubiertos y se corta él sólo la carne. Ya cada vez son más mayores. Y yo también. No haré uso del típico tópico de "ya no me necesitan". ¡Claro que me necesitan! Mucho. Pero con estas pequeñas cosas te das cuenta de que los años van pasando, los niños se hacen mayores, Pau me cuenta historias de novias del cole, Èric come trozos perfectamente, y a mi frente le cuesta cada v ez más recuperar la posición inicial cuando hago una gañota. Mi hijo dice que soy la madre más way (sospecho que lo dice cuando quiere algo...), y yo me esfuerzo por mantener mi juventud. Siempre he pensado que el hecho de relacionarme con gente tan joven en mi trabajo hace que mi cerebro funcione un poco como el de ellos, lo que me hace ser más joven. Casi siempre visto vaqueros y ropa cómoda, compro en H&M (a veces incluso en Berska). Chateo contínuamente con el whattsapp. Veo Gossip Girl. Me gusta Lady Gaga, Rihanna, Adele y otras muchas cantantes que me llevan diez años o más. Realmente me ofendo cuando me llaman "señora". Pero entonces me miro al espejo, y las redondeces de dos embarazos, el inicio de las patas de gallo, las ojeras por pasar una mala noche que cad vez tardan más en desaparecer,... No lo puedo negar, tengo 34 años. Ya no puedo pensar en "cuando sea mayor me compraré..., cuando sea mayor me dedicaré a..., cuando sea mayor iré...". Ya soy mayor.

sábado, 4 de febrero de 2012

COSAS QUE FUNCIONAN

Hoy me tocaba entrenar en pista descubierta por la mañana temprano, así que me he puesto a vertirme con tiempo suficiente para forrarme de arriba a abajo de manera que no quedase un solo hueco en mi cuerpo por el que pudiera entrar una gota de aire. Dos camisetas térmicas, dos forros polares, leggins térmicos y "michetas" de mi época de portera de hockey patines. Soy muy friolera. Y además tengo una piel muy delicada que sufre con el viento y el frío. Así que antes de terminar de vestirme me he puesto esa crema para pies secos y estropeados que anuncian en la tela y que mi madre me compró hace un siglo, minutos antes de que se quedara olvidada en un rincón del armario de mi cuarto de baño. ¡Pues funciona! Me acabo de quitar las michetas, y mis pies están muchísimo mejor. ¡Así que me la he puesto otra vez! Con un poco de suerte mañana mis pies serán la viva imagen del "después". A riesgo de parecer una mujer-anuncio: ¡gracias señor Neutrogena!

La verdad es que nunca me había creído mucho que las cremas, mascarillas y demás potingues funcionaran mucho, pero esta crema me ha sorprendido gratamente. Y ya es triste que algo te sorprenda porque funcione de verdad tal y como lo anucian... porque seamos sinceros: ¿cuántas cremas anticelulíticas nos hemos comprado y no han servido PARA NADA? Y luego lo comentas y siempre hay alguien que te dice: "claro, es que la cosa es ser constante". ¡Vamos hombre...! O te pones una mascarilla en el pelo que sí, cuando la tienes puesta el pelo está como más pringoso, y al momento de aclarártelo lo notas más suave, pero una vez seco no brilla como en los anuncios ni tiene ese movimiento a cámara lenta como el de Sara Carbonero o Paz Vega. Y mejor no hablamos del champú y demás productos de alisado... Salen chicas en los anuncios que parecen la hermana pequeña del Once Ocho Once, se lava el pelo con el champú liso intenso y sale que ríete tú de la keratina y el alisado japonés juntos.

Nos toman el pelo. Y nos lo dejamos tomar, porque al fin y al cabo todos compramos mil productos que sabemos que no sirven para más que para vaciarnos un poco más los bolsillos (con la que está cayendo...). Por eso un oasis de sinceridad en el mundo de los productos de salud/estética/belleza me ha hecho hasta ilusión. Vaya tela...

viernes, 3 de febrero de 2012

FRÍO POLAR

Las ventanas de casa están enteladas. Ayer no pudimos entrenar por la previsión de nieve (aunque luego nada de nada...). Teníais que ver a mi hijo mayor salir de casa hacia el cole, casi no le abrochaba el abrigo de capas que llevaba! Dos grados negativos en Esplugues, y un sol radiante. Nada de nieve. ¿Y cómo le explicas a un niño de cinco años que lleva una semana oyendo que va a nevar que se han equivocado, que no vamos a poder hacer un muñequito, ni guerra de bolas (de nieve, claro)? Bueno, mejor aún, es cuando se entera que de hecho sí ha nevado, pero mientras él estaba en clase y no lo ha visto... Eso me pasa por ver las noticias con los niños en lugar de "Gran Hermano"!

Y hablando de la nieve, ¿Por qué será que cada vez que estamos preparados no pasa nada? Bueno, ya sé que ha nevado en muchos puntos de Catalunya, pero en mucho otros no. Eso sí, el día que estemos tranquilos, desprevenidos, ese día vendrá la nevada del siglo, con temporal de viento incluído, y se caerán cables de la luz, se cortarán carreteras y la gente tardará horas y horas en llegar a sus casas,... Espera, justo lo que pasó hace dos años.

Porque seamos honestos, todos los que decimos ser mayores comentamos que vaya problema la nieve, que a ver cómo vamos a ir al trabajo,... Pero TODOS nos morimos por hacer angelitos en el suelo. Porque todos seguimos llevando un niño en nuestro interior.